☕Los girasoles que volvieron a florecer
Hay personas que llegan a tu vida dejando una huella tan bonita que, aunque ya no estén, de alguna manera siguen cuidándote.
Mi abuela era una de ellas.
Le encantaban los girasoles.
Y, quizá por eso, ahora también forman parte de mí.
Hay una vecina que fue muy amiga suya. Cada vez que florecen los girasoles de su jardín, llama a mi puerta con un pequeño ramo en las manos.
Nunca hace falta decir mucho.
Las dos sabemos por qué lo hace.
Y creo que, en el fondo, también es una forma de recordar a mi abuela.
Hace unas semanas volvió a regalarme unos cuantos.
Los puse en casa, como siempre.
Pero poco después me fui de viaje.
Cuando regresé, los girasoles estaban completamente marchitos.
Algunos incluso se habían podrido.
Me dio mucha pena.
Pensé que había llegado tarde.
Que ya no había nada que hacer.
Así que dejé el ramo a un lado mientras recogía la casa.
Y entonces pasó algo que no esperaba.
Entre aquellos girasoles que parecían haber terminado su ciclo, empezaban a nacer pequeños brotes verdes.
Me quedé un rato mirándolos.
No podía dejar de pensar en lo curioso que es todo.
A veces creemos que algo ha llegado a su final.
Que ya no queda nada.
Que solo vemos lo que se ha roto.
Y, sin embargo, la vida ya está preparando un nuevo comienzo.
Sin hacer ruido.
Sin pedir permiso.
Simplemente vuelve a florecer.
Aquellos pequeños brotes me recordaron que nosotros también somos un poco así.
Hay etapas que terminan.
Planes que no salen.
Personas que se marchan.
Momentos en los que sentimos que todo se ha marchitado.
Pero eso no significa que nuestra historia haya terminado.
Quizá solo esté preparándose para empezar de otra manera.
Desde entonces no he vuelto a mirar un girasol marchito con tristeza.
Ahora también veo en él la posibilidad de un nuevo comienzo.
Y creo que esa ha sido una de las lecciones más bonitas que me ha regalado esta flor.
Mientras escribo esto, tengo un café delante y esos pequeños brotes siguen creciendo.
Y no puedo evitar sonreír.
Porque, de alguna manera, siento que mi abuela también estaría sonriendo al verlos.
🌻 Quizá la vida se parezca mucho más a un girasol de lo que imaginamos.
A veces hay que dejar que algo termine para descubrir todo lo que aún está por florecer.


